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Piernas, cabeza y corazón

Que las maratones enseñan, de eso no tengo la menor duda.

Pero enseñan tanto como cualquier actividad sostenida durante un buen tiempo y que incluya una buena cuota de esfuerzo.

Dicho en otras palabras: no hace falta ser maratonista para entender lo que sigue.

“Las maratones se empiezan con las piernas, se siguen con la cabeza y se terminan con el corazón”.

Qué tal. ¿Está buena la frase, no? Es como una especie de refrán de maratonista que, con el tiempo, se volvió una verdad innegable — excepto para los corredores de elite, que siguen otra lógica, posiblemente supra humana.

Hoy quiero usar esa sentencia porque pienso que ayuda un montón a entender muchas de las dinámicas propias de las organizaciones. Particularmente las que se refieren al liderazgo y los equipos.

Las piernas

¿Qué significa arrancar con las piernas? Es estar entrenado. Es haber hecho todo lo mejor posible para estar a la altura de lo que cada rol exige.

Animarse a una maratón sin estar — o sentirse — lo suficientemente entrenado es un pasaje directo al sufrimiento. Es dolor garantizado. Calambres, ahogos, caminatas interminables mientras los demás te pasan como a poste. Y el miedo tan terrible que se presenta cuando no queda otra que el abandono.

Si hablamos de organizaciones, entiendo que a veces no tenemos chances de elegir el momento de elegir participar. Y también es verdad que, ante una promoción, es lógico optar por la afirmativa, así sintamos que aún no estamos lo suficientemente entrenados.

Me banco a quienes dicen: “nunca podés sentirte 100×100 seguro de tus habilidades”.

Y también me banco a quienes gritan: “¿y en qué querés estar entrenado, si con la IA todo cambia todo el tiempo y lo que sabés hoy ya mañana no sirve para nada?”.

Mi respuesta a esto es, de nuevo, que no es lo mismo afrontar esas situaciones desde una posición de bloqueo que desde una de apertura.

¡Saludo calurosamente a las personas que desean asumir un nuevo rol con dignidad y se forman para eso! No sé en qué, pero están abiertas a su aprendizaje continuo. Tener un cerebro musculoso solo es una consecuencia del entrenamiento, y eso se adquiere incorporando ideas. No existe aún una píldora capaz de acortar este camino.

A nivel de equipo, pensemos en un proyecto que se nos asigna. ¿Podemos llevarlo adelante si no nos tomamos el tiempo suficiente para estudiar de qué se trata, en profundidad? ¿Somos capaces de detectar nuestras fortalezas como equipo y, a la par, tenemos la honestidad y la valentía para renunciar a determinadas tareas, si creemos que no podemos llevarlas adelante?

Las piernas del equipo son todos sus saberes anteriores, actuales y futuros. Respecto de los primeros solo podemos capitalizarlos; con los segundos, en cambio, podemos fortificarlos y amplificarlos tanto como el proyecto lo exija.

La cabeza

Ya sé que es fundamental en todo momento, pero elegí darle un lugar especial, solo a los fines didácticos.

En una maratón existe algo que se llama “el muro” y normalmente te lo chocás al kilómetro 30. Como ya te imaginarás, debe su nombre a que tu cabeza dice: “hasta aquí llegamos, compi”.

Y en el fondo vos sabés que es toda una invitación al abandono, pero que está en vos ir o no ir a ese lugar. Depende de vos. 100×100. Aquí son tus pensamientos los que te llevan a un lado o al otro. Vos elegís.

¿Se puede elegir qué pensar? Sí. Definitivamente. Y se puede elegir también no pensar.

En mi caso, cuando siento que estoy llegando a ese momento hago foco en una sola cosa: no desarmar el paso, por ejemplo. O mirar carteles a cien metros. O partirle la nuca con la mirada al de adelante — elegir una presa, ¡aguante el ADN mamífero!

Si pasaste el check de tus piernas, ahora necesitás el de tu cabeza. Si sos líder, tenés que usar ese conocimiento y esas habilidades adquiridas y aplicarlas a una toma de decisión concreta. ¿Contrato o no contrato? ¿Vendo o no vendo? ¿Compro o espero?

Nadie sabe en una carrera si va a llegar hasta que llega. Nadie sabe en una organización si las decisiones que toma serán buenas o no. Pero de lo que sí podés estar seguro es de que, de tus pensamientos, dependerá cómo acompañás esas decisiones con tus conductas.

¿Pensás que no estás a la altura del rol? Seguro vas a autoboicotearte, o a tener expectativas tan altas que se volverán irrealizables. ¿Pensás que si errás van a despedirte? ¿O que todo tu expertise se pone en juego en un solo momento? ¡Cuánta presión, Dios!

Es distinto tener pensamientos más tolerantes con uno mismo. Más realistas, capaces de mirar todos los flancos y no solo el propio ombligo. Ideas que busquen recursos y redes, y no sean confirmatorias de la propia desgracia.

Cabeza también son sesgos. Errores inconscientes — los más peligrosos, sobre todo — que nos llevan a análisis erróneos de la información. Cabeza abierta para escuchar a los demás y estar atento al contexto: una vacuna bastante poderosa contra los sesgos.

A nivel de grupo, lo mismo. Estar atento a los sesgos es darse cuenta de la incidencia del pensamiento grupal: uno habla y termina por imponerse a los demás — pasivos —, no por mejores argumentos sino por efecto de primacía o porque simplemente grita más.

El corazón

Finalmente, también es importante, en el momento justo, apagar la razón y dejar que la emoción nos guíe.

Emoción = motor = entusiasmo — un poco loco, es verdad — pero que termina resultando el combustible indispensable para llegar a la meta.

En una carrera, ver el arco de llegada, sentir los gritos y los aplausos hacen que te sientas un superhéroe y todos tus dolores desaparecen mágicamente. Esto es obligatorio para llegar. Es muy difícil llegar al final sin estar un poco hecho pelota físicamente — estamos hablando de 42,195 kilómetros, nada menos — y la única explicación es no pensar.

Como líder, evitar sobrepensar te convierte en una persona que se anima a actuar, haciéndose cargo, por supuesto, de las consecuencias que genera su accionar. Pero acciona. No queda frenado por el fenómeno de análisis-parálisis que tanto daño hace a los no advertidos: personas súper bien intencionadas que se van en diagnósticos pero que jamás dan un paso, por miedo.

Es importante recuperar la emoción si la hemos perdido, construirla si no la tenemos, o potenciarla si la sentimos. Hablo de la más hermosa de todas: el deseo. Ese impulso que no tiene palabras pero que se siente en todo el cuerpo. Que nos moviliza y termina por dar sentido a tanto esfuerzo.

¿En qué tramo de la carrera estás vos: todavía entrenando las piernas, peleando con la cabeza, o ya corriendo con el corazón?

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