Hace poquitos días apareció una noticia en los diarios que sorprendió a muchas personas: Vozinha, el arquero estrella de Cabo Verde y ahora refuerzo del poderoso Colo Colo chileno, manifestó: “Me gustaría volver a mi vida anterior. He perdido mi paz y mi tranquilidad”.
¿No es suficiente el dinero, la fama, los flashes y el reconocimiento público? ¿Qué le pasa por la cabeza a este hombre, que desea trabajar nuevamente como electricista?
Situaciones como esta se dan continuamente en las organizaciones, en las que se otorgan beneficios que terminan siendo vistos como lo contrario por sus destinatarios.
Te cuento ejemplos concretos:
- La Compañía regala un viaje a una persona que está hiperendeudada y que le vendría bastante mejor el dinero.
- Se anuncia con bombos y platillos que darán un día libre a la colaboradora X, por mostrar comportamientos ejemplares. Sin embargo, la colaboradora X acaba de divorciarse y lo que menos quiere es tener tiempo libre. De hecho, hoy su consuelo es hundirse en las planillas de cálculo para no pensar.
Entonces..
El valor de un beneficio lo determina quien lo recibe y no quien lo da.Esa frase es tan simple como contundente. Y explica a cabalidad la importancia que tiene conocer al otro antes de “hacerle un favor”.
No existen beneficios que sean universalmente valiosos. Ni siquiera aquellos en los que existe un alto grado de consenso social. Vaya el ejemplo de Vozinha.
Por eso, antes de diseñar pseudo estrategias o herramientas motivaciones, entendamos quien tenemos enfrente. Cuál es su situación actual y qué valora hoy.
No proyectes. No es lo que vos consideres importante, sino lo que el otro considere importante.
No hagas cosas “para la tribuna”. La búsqueda de estos gestos desde la demagogia termina siendo peor el remedio que la enfermedad.
En tiempos de algoritmos que leen y describen nuestros comportamientos, podríamos ilusionarnos con que con “mirar un ratito” la notebook de X o Y, ya podríamos saber donde apuntar para no errar. Sin embargo, la conversación uno a uno sigue siendo esencial. Nuestra conducta en las redes sociales está llena de aspiracionales, y en innumerables oportunidades no son un reflejo fiel de lo que sentimos necesitar en un momento determinado.
Y una última cosa: si te toca diseñar una acción de incentivos globales, porque la nómina es grande o simplemente, porque el contexto lo impone, ofrecé opciones. Un menú acotado, donde cada persona elige, respeta la diferencia sin volver inmanejable la gestión.
Y no te frustres si muchos de los beneficiarios no se muestran contentos o se sienten aún molestos.
Es el costo de poner a un costado las subjetividades y pretender una homogeneización totalmente imposible.
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