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Ningún curso de management enseña tanto como un mes corriendo...

correr enseña

Correr enseña más sobre las organizaciones de lo que parece. 

Porque entrenar no es solo mover las piernas: es entrenar la cabeza. 

Y, en muchos sentidos, liderar, trabajar o gestionar equipos se parece bastante a prepararse para una carrera larga…

La disciplina es más importante que la motivación

En este deporte hay muchos días en los que no tenés ni cinco de ganas de calzarte las zapas.

Y sin embargo, salís igual. Porque si solo salieras cuando estás motivado, tus avances durarían poco o tardarías una eternidad en ver resultados.

En las organizaciones pasa lo mismo: hay días en que nada entusiasma, pero hay que hacerlo igual.

¿Un ejemplo? Tener que capacitarte en un tema que no te interesa y del que no ves aplicación inmediata.

Pero lo hacés igual, porque sabés que todo entrenamiento deja huella, aunque todavía no se note.

Tener en claro cuál es tu objetivo

Asegurate de saber cuál es tu verdadero objetivo.

Tu propia meta, tu propio deseo.

Porque quien debe ser consecuente con eso sos vos, y nadie más.

Si te vas a comparar con alguien, que sea con vos mismo...

Los fondistas amateurs sabemos que, salvo un milagro, nunca vamos a subir al podio. Ni estar entre los diez primeros. Ni entre los cien.

¿Eso hace que no corramos? No.

Corremos para mejorar nuestros propios tiempos, así sean los de una tortuga.

En las empresas, en cambio, veo a más de una persona perder energía en compararse con los demás. “¿Por qué a él le dieron tal cosa y a mí no?” “¿Por qué ella no viene los viernes y yo sí?”

La comparación con el otro, diría Lacan, tiene una matriz imaginaria.

Y por lo tanto, es al cuete. (Eso lo dice Gustavito).

Tan importante como planificar es tener flexibilidad para cambiar de plan rápidamente

Podés entrenarte meses para correr de una forma determinada y ese día… diluvia.

O se levanta un viento terrible. ¿Qué hacés?

Abandonar no es opción —salvo que te haya caído un piano de cola encima (sonó de dibujito animado esto, eh).—.

Entonces, lo que podés hacer es ajustar la estrategia.

En las organizaciones, lo sabés bien: las cosas cambian todo el tiempo.

Aferrarse a un plan solo por compromiso no es ser serio: es ser ingenuo (o suicida).

Menos careta, más de uno, más al hueso

Quienes no abrevan en el mundillo del running desconocen lo que sucede tanto en entrenamientos como en carreras.

Conductas que, en otro ámbito serían consideradas propias de trogloditas, en ese contexto están absolutamente naturalizadas, como por ejemplo, hacer las necesidades fisiológicas al costado del camino (y tampoco hay diferencia de géneros en esto!).

Ahora bien, no se trata de llevar esas prácticas sin filtros a otros contextos, sino aprender que al lado de un corredor la vergüenza por estos aspectos no existe, y que en ese mostrarse tan crudamente, nos conocemos distinto.

Los que hayan tenido la suerte de generar un vínculo en una maratón, sabrán que esa relación tiene particularidades que en otro espacio sería difícil. Que rápidamente sentís que te entendés con el otro, y que no hay nada que ocultar.

Seguí a las liebres

Las liebres son esos corredores experimentados que marcan el ritmo y evitan que te obsesiones con el reloj.

En las organizaciones también hay liebres: referentes, mentores, ejemplos.

No está mal mirar lo que hacen los demás si lo que observás son buenas prácticas.

Copiar lo bueno también es una forma de aprender.

Equilibrio y regularidad

Subidas durísimas. Bajadas gloriosas. En ambas, el riesgo es perder el ritmo.

Los corredores experimentados saben que lo mejor es mantener un paso parejo: ni tan lento en la cuesta, ni tan eufórico en la bajada.

En la empresa pasa igual. Un día parece que todo se derrumba; al siguiente, que somos el primer mundo.

El equilibrio, ese viejo arte de la mesura, sigue siendo una de las habilidades más valiosas.

Saludá a todos

Así no los conozcas.

Todo corredor bien nacido ama correr en lugares distintos al habitual. Por eso no te asustes si ves gente que, de vacaciones, sale a trotar por ahí.

Y en esos recorridos, es normal encontrarse con otros loquitos y, el uso y costumbre es saludar. Siempre. Es un código runner.

En las organizaciones, saludar siempre equivale a ser amable siempre, con todos. Sin importar roles o jerarquías. Saludar siempre y todo el tiempo te hace ser solidario con los demás y poder contar con el otro si te hace falta.

En una carrera, acalambrarse faltando 100 mts es dramático. Y, de vuelta, todo runner bien nacido se encontrará dispuesto a hacerle de muleta al dolorido (a menos que no lo hayas saludado, claro. Ahí sí que jodete).

Si tenés que escupir, hacelo delante tuyo y hacia abajo

Sí, literal.

Y también metafóricamente: si vas a tomar una decisión difícil, o tenés que hacer algo que incomoda, hacelo cuidando no ensuciar a los demás.

En la carrera, en la vida y en el trabajo: la elegancia también cuenta

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