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La empresa es un jardín de gente

«Alguien debió conservar

y cuidar con amor este jardín de gente

eso es lo que nunca será.

Estás ciego al creer

que podrás evitar este jardín de gente

con dinero no se inventa el amor, no”.

                                                                                “Jardín de Gente”

                                                                                 Luis Alberto Spinetta

A todos nos gustan los jardines.

Sobre todo cuando están bien verdes, llenos de luces brillantes y aromas que nos envuelven como un arrullo. El césped bien cortadito, las flores dentro de sus espacios, las plantas que caen justo justo justo donde lo tenemos diseñado, los arbolitos con frutas maduras y esa enredadera… esa enredadera tan pero tan acolchada que dan ganas de abrazarla.

También asumimos que el mismo jardín no está así todo el año, claro. En los meses de otoño e invierno los colores no son los mismos, tampoco hay frutos y el volumen está lejos de ser el ideal. Así todo, lo entendemos y no nos resistimos. No solamente nos adaptamos sino que hasta aprendemos a valorar esos momentos: jugamos con nuestros chicos a recoger hojitas o a mirarlo con indulgencia.

También, sabemos que para contar con él durante los meses lindos, no solo dependerá del clima sino que nosotros tenemos que ver mucho en el asunto, desde cuidarlo de las plagas, podar lo que no sirva, quitar las malas hierbas, carpir la tierra y así…

Los jardines lindos no surgen de la nada ni se mantienen por la naturaleza misma. Y eso mismo ocurre con las personas. El asunto es que no todos lo ven de esa manera y reniegan innecesariamente. Se quejan con amargura y pretenden con ingenuidad tener absolutamente todo bajo su control o esperan resultados espontáneos.

Esta imagen nos invita a trazar 3 ideas importantes:

1.La necesidad constante de enamorar

Entiendo que hay quienes puedan sentirse incómodos con la idea de tratar a la gente con un jardín, dado que “no son plantas”. Pero, muy por el contrario, entender la complejidad del mundo viviente nos ilumina respecto de lo desafiante que es el vínculo con otras personas.

Tal como sucede con muestras parejas o amigos, a quienes no debemos descuidar (aunque en la práctica lo hagamos más de una vez) lo mismo debemos hacer con nuestro jardín de gente.

Enamorar significa no creer en mágicas recetas motivacionales o que lo que funciona bien hoy, lo hará más adelante (ejemplos: paquetes de beneficios, flexibilidad horaria, recuperación salarial, etc etc).

Enamorar es estar presente para el otro y ser empáticos. Aún cuando estemos incomodos con su compañía.

2. Hacerse cargo de lo que está bajo nuestra órbita

No podemos controlar la meteorología pero sí hacer algo con ella.

Así, no podemos transformar al negativo en optimista o al conservador en disruptivo. Tampoco podemos cambiar su contexto amoroso o una situación triste. Pero sí podemos hacer algo para no profundizar cualquiera de estos síntomas. O también, depende de nosotros hacerle más o menos cómoda la trayectoria laboral a una persona, o su entorno diario.

Nunca podemos estar seguros de las reacciones de las plantas ante nuestras intervenciones. Desde aplicarle tal o cual producto hasta cambiarla de lugar a “uno que le guste” en miras a mejorar una situación. El tema es que nunca sabremos las consecuencias hasta que lo intentemos.

Hacerse cargo también es animarse a actuar.

3. Estar atentos a los cambios

“Nada es para siempre” implica estar presto a actuar a tiempo.

Es increíble como, de un día al otro, un conjunto de hormigas puede arrasar con un rosal.

Es increíble como, de un día al otro, un colaborador híper comprometido, nos presenta la renuncia.

¿Es de un día para el otro? No, nosotros lo percibimos tarde.

Estemos atentos a las inquietudes de las personas. Hablemos con ellos la mayor parte del tiempo, informalmente, mostrémonos interesados por su tiempo fuera de la organización. Integrémoslos al equipo. Estemos presentes.

Entender que la gente es un jardín es ayudarlas a encontrar la luz que les permita crecer, cada uno a su manera y dentro de un espacio compartido con los demás.

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