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¿Existe el match entre IA y creatividad?
Si la creatividad nos distingue como especie, la pregunta es inevitable:
¿tenemos salida en tiempos de inteligencia artificial
o sufriremos el destino cruel de una extinción sin ebullición?
Creatividad: algunas ideas para pensarla
Hay muchas formas de pensar la creatividad.
Sigmund Freud, por caso, la llamaba sublimación, para referirse al mecanismo por el cual podemos transformar ideas inconscientes en —en el mejor de los casos— un producto amable y valorado socialmente. El ejemplo típico es el arte.
Más adelante en el tiempo surgen otros autores, y quiero detenerme especialmente en uno de ellos…
James Webb Young y el proceso creativo
James Webb Young fue ejecutivo en una agencia de publicidad y, en la década del 40, ilustró el proceso creativo tal como él lo entendía.
Y lo cierto es que, al día de hoy, sigue vigente.
No sé si la embocó completamente, pero al menos nos ofrece una manera clara y accesible de entender qué pasa por nuestras cabezas cuando intentamos crear algo nuevo.
Young propuso cinco pasos en el proceso creativo:
- Contar con la mayor cantidad de información posible sobre el tema.
- Analizar y “destripar” esos datos en profundidad.
- Darse un espacio de pausa y abandono momentáneo del problema.
- La aparición de la idea (momento ajá).
- La aplicación concreta de esa idea.
¿Dónde entra la inteligencia artificial?
Siguiendo esta lógica, se vuelve evidente que la IA participa muy activamente en las etapas 1 y 2 del proceso creativo: acceso a información y análisis de datos.
Ahora bien, sin los momentos posteriores, el resultado es pobre.
Nos quedamos en la nada misma o, en el mejor de los casos, en una mera repetición de lo existente.
Nada nuevo por aquí.
Nada nuevo por allá.
Esto conecta directamente con una de las tensiones trabajadas en artículos anteriores de la serie: cuando la información parece infinita, el margen para errar y explorar se achica.
La pausa como núcleo creativo
Dicho de otro modo: la capacidad propiamente humana de ser creativos aparece en los momentos de pausa, cuando el inconsciente toma el control del asunto, nos permite olvidarnos por un instante de eso que nos tenía obsesionados y, recién entonces, emerge la novedad.
Ese efecto ajá es exclusivamente humano.
Y es, paradójicamente, la puerta de entrada para que la IA se convierta en una aliada real del pensamiento creativo, y no en un simple generador de variaciones.
Aplicar ideas: volver a convocar a la IA
Finalmente, al momento de la aplicación, podemos volver a convocar a la tecnología.
Pero la base ya no será la información existente, sino nuestras propias ideas nuevas.
Así, sí.
Así te creo.
Así te quiero, IA.
Hay match.
¿Listo para tu dosis
semanal de ideas?
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