Si te digo Dick Fosbury no es lo mismo que te diga Jagger o Messi qué se yo…
Este tipo no trascendió por su nombre (o sí, ahora que lo pienso) sino por un invento suyo, del que la mayoría desconoce su autoría: el salto hacia atrás en atletismo.
¿Te sorpende eh? ¿Acaso pensaste que siempre siempre se había saltado así como hoy? ¿Como lo ves por la tele cada 4 años mientras te convertís en Bonadeo por un mes?
El caso es que a este pibe se le mataban de risa. Él mismo dice que mientras practicaba en el campus de la universidad se asomaban a las ventanas para burlarlo. Y nada. Él, firme che.
Hasta que en el 68, olimpíadas de México, se gana nada menos que…. ta ta ta taaaannn EL ORO muchachos y muchachas.
Está claro que de ahí en adelante aplausos, vítores y varios “Yo siempre pensé que vos tenías la posta Dick”.
Este tipo no trascendió por su nombre (o sí, ahora que lo pienso) sino por un invento suyo.
Me gusta esa historia para pensar un par de cuestiones.
1) El contexto es súper importante.
Se habían llevado colchonetas a las pistas, reemplazando la arena.¿Se pesca que no es lo mismo caer al piso que sobre algo mullido, no?
Pensando en contextos organizacionales, entiendo que a cada riesgo debería corresponderse algo que nos ataje. Sea jefe o equipo. De lo contrario, no le pidamos a las personas que sean como Dick si abajo resulta que hay clavos. O un serpentario dentro de un pozo.
2) La bendita tolerancia a la frustración.
¡Qué importante es seguir seguir y seguir más allá de lograr o no los resultados!
No es fácil bancarse las broncas y los reniegues, pero bien vale la pena.
Fuera de que la pelotita termine entrando o no, insistir de forma inteligente aporta salud mental. De forma inteligente implica estar abierto a las correcciones e ir probando distinto cada vez.
3) Animarse un poco a lo loco.
Hay un momento en el que no sabemos si el salto va a funcionar.
Saltamos igual.
Él saltó sin manual.
Nosotros trabajamos, lideramos, entrenamos, experimentamos con IA en la misma incertidumbre.
Ese miedo es parte del viaje. Pero también lo es esa chispa que dice: “probá igual”. Es lo que nos permite reinventarnos cuando ya no alcanza con mejorar lo existente.
La psicología, la IA y el simple acto de animarse.
Cada vez estoy más convencido de que el verdadero salto —el personal, el profesional, el de los equipos— no se juega en la técnica, sino en el espíritu.
En aceptar que el contexto cambia.
En bancarse los días en los que nada sale.
En permitirse explorar sin entender del todo.
En dar ese paso que parece exagerado, pero que quizá sea el que nos mueva a otro lugar.
Fosbury no quería cambiar la historia.
Solo quería saltar un poco más alto.
Y tal vez ahí esté la enseñanza: cuando dejamos de buscar la técnica perfecta y empezamos a escuchar lo que nos pide el camino, aparece algo nuevo.
En el deporte.
En las organizaciones.
Y también en este extraño viaje donde la psicología se mezcla con la inteligencia artificial.
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